“Ay ay, ay no, ay sí”
“Ay ay”, “ay ay eso qué”, “ay ay, ¿pero por qué?”, “ay aaaaaay!”. Expresión que es parte del continuo de formas con que expresamos nuestra incredulidad, una incredulidad que se expresa también en tonos, volúmenes, notas y expresiones faciales. Con una función comunicativa expresiva y emotiva. “Ay ay” es incredulidad ante el presente, ante el complicado entramado de relaciones que intenta hacer nuestra mente con lo que nos toca presenciar, escuchar o sentir. Esa incredulidad que experimentamos como un “no puedo creer que esto esté pasando” y que se resume en “ay ay”. Incredulidad con humor, con sorpresa, con una mueca y entrecerrando los ojos. No es “ay, ay”. Ese es señal de dolor, de susto, o del inicio del torrente de cosquillas con el que comienza el tope de placer. “Ay ay profe”, “ay ay ese wey”. Ese “ay ay”, con risa, con un “no lo creo, aunque lo esté viendo con mis propios ojos” “Ay no”, “ay no puede ser”, “ay no Dios mío”, “ay no….”, “ay no eh”. Increduli...