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Mostrando las entradas de noviembre, 2024

“De Selecciones a elecciones: réquiem a un concurso de lectura y las lecturas que nos formaron”

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La abuela me contó que, en tercer año de primaria, ganó un concurso de lectura. Cuenta que, “..en el poblado de Lerdo, Durango, había dos escuelas primarias. Una gratuita y una de paga. Pos la de paga, mantenía a la gratuita. Yo estaba en la gratuita. Y un día hicieron un concurso de lectura, y yo lo gané”. Que porque en casa, viviendo con su hermano mayor, esposa (a los nueve años, ya tenía comadre) e hijos, pedía prestado los legendarios mensuales de Reader’s Digest “Selecciones”. Había tomos de cuatro libros en uno. Su hermano le leía, de vez cuando, cuando las historias eran pertinentes para los niños. Él les enseño a leer y después, a comprender, a preguntar qué pasaba y cómo y por qué. Al crecer, “…le pedía a tu tío Álvaro su libro con un: hermano, ¿puedo tomar el Selecciones?, y se lo llevaba”. Y luego, contaba esas historias a sus sobrinos, haciendo voces y teniendo cuidado con los puntos, pautas, exclamaciones, para hacer la narración un poco más parecida a la realidad inmedia...

“La desventaja de los signos”

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Somos seres de significados, porque somos seres de relaciones e interacciones. No es algo tan especial, así se comporta el universo. A cada “otra cosa” con la que nos topamos, le damos un significado basado en nuestra relación e interacción con ella; ya sea por cómo nos la encontramos, cuando, con quien, en qué creíamos, qué sabíamos, qué no sabíamos, etc. Es útil y necesario, porque en el entramado tan complejo que es la “realidad” que podemos percibir, hay muchas “otras cosas” que no son nosotros, y que, como nosotros, se relacionan e interactúan con “otras cosas”.   El atribuirle o no significado a las cosas con las nos topamos, querer dárselo o no, nos ayuda a entender todo lo que percibimos, y a descansar de la impetuosa y constante lluvia de dudas que tiene la vida. Como nos relacionamos e interactuamos con varias cosas, con varias personas, con objetos, con eventos, con situaciones repetidas, con situaciones nuevas, etc., hay varias formas de que algo tenga un significado pa...

La polisemia o “lo mismo pero no en donde mismo, ni para lo mismo”

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¿Por qué le digo “gato” al animal ese escurridizo, listo, peludo y de ojos cazadores, y luego voy y le digo igual a la herramienta para levantar el auto (por lo menos en México, en este rincón norteño, así lo aprendí) y luego voy a decirle lo mismo a ese sujeto que va de aquí para allá haciendo los mandados de alguien más, “que si necesito esto, que si lo otro”? ¿En qué se parecen para que les diga igual, o en que se diferencian para saber cuándo, cómo, y de qué manera usarlos? Y lo mismo me pasa con “pedo”, con “banco”, con “hoyo”, y hasta con “palo”. Arriesgándome a recibir el albur, o la corrección de alguien, o la mirada reprobatoria del uso de ciertas palabras cuando podría usar otras. Y ¿por qué no uso otras? ¿Por qué gato? Algunas de esas respuestas ya están respondidas en tu cabeza, pero tal vez no puedas decirme cómo ni por qué. Tal vez tu respuesta sea “pues porque es obvio”. Por lo menos para ti es obvio, que estás acostumbrado o acostumbrada al uso de estas palabras, cuan...