“Veinticinco de junio de 2009”
Conocí lo que era “estar crudo” el día que Michael Jackson murió. O, más bien, Michael Jackson murió el día que yo conocí lo que era una cruda, porque ésta última fue primero. Desde el alba, cuando fui obligado a abrir los ojos por una abuela que venía de aquí para allá, porque hay que ir a la graduación de tu primo, ándale, alístate. Graduación de un primo que, lo sé y lo sabía en aquel momento, experimentaba una cruda peor que el dolor de cabeza, el estomago revuelto, las nauseas y la tristeza en el pecho que yo sentía. Bastante cerveza había entrado en nuestros jóvenes, inexpertos y soñadores cuerpos un día antes, para enterarnos al día siguiente de lo que es, en términos biológicos, una deshidratación grave. Ahí vamos. Yo, desde las gradas de un gimnasio caluroso y lleno de gente, acompañando a los abuelos a ver cómo se gradúa de la preparatoria el nieto mayor. El nieto mayor, cabizbajo y adormilado, pasando a recoger su diploma con una sonrisa de alegría que oculta el dolor que ac...