Todo es lo mismo, nomás regurgitado
A veces me encuentro diciendo la frase “todo es lo mismo, nomás regurgitado”; sobre todo cuando, en alguna plática, se llega a entrever la repetitividad de las cosas, desde las caras hasta los comportamientos de las personas; desde los ciclos naturales hasta las historias de los imperios. Me gusta decirla, y pensarla, porque en ella descansa una máxima repetida en los días de secundaria, basada en la ley de conservación de la materia de Lavoisier: que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Incluso las “vibras”, esas que herméticamente son energía en planos diferentes, siguen el principio físico cuántico y clásico: que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. Así como el alimento pasa por los cuatro estómagos de un bovino; cada idea, cada evento, cada patrón, pasa por capas, se descompone, se digiere, se transforma… pero no se inventa desde cero. Se reutiliza. Como dicta el hermetismo: como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera. Lo que o...