“Soy el maestro de mi destino, soy el capitán de mi alma… aunque a veces, no me guste”
Escribió alguna vez alguien en su blog personal, entre filosofías pre-pandémicas y antes de conocerle, que “cada quien está donde quiere estar, aunque no le guste”. Y qué fuerte el gancho. No lo vi venir, aunque siempre he sabido que así es. En algo parecido culmina el poema Invictus , de William Ernest Henley, y es una de mis frases favoritas: “I am the master of my fate, I am the captain of my soul.” Pero, aunque me jacte de decirlo seguido, y hasta me lo haya pintarrajeado en la piel, “ser el maestro de mi destino y el capitán de mi alma” y terminar en donde no me gusta, implica que han sido más las veces que los devenires desafortunados del destino tienen que ver más con mis hábitos y costumbres, mis antojos y mis apegos, mis miedos, mis comodidades y mis indiferencias, que con agentes externos como las crisis económicas, las epidemias y las pandemias, regímenes totalitaristas y los democráticos, una guerra, las decisiones de mis padres o de mis maestros o de mis parejas o d...