La polisemia o “lo mismo pero no en donde mismo, ni para lo mismo”
¿Por qué le digo
“gato” al animal ese escurridizo, listo, peludo y de ojos cazadores, y luego
voy y le digo igual a la herramienta para levantar el auto (por lo menos en
México, en este rincón norteño, así lo aprendí) y luego voy a decirle lo mismo
a ese sujeto que va de aquí para allá haciendo los mandados de alguien más, “que
si necesito esto, que si lo otro”? ¿En qué se parecen para que les diga igual,
o en que se diferencian para saber cuándo, cómo, y de qué manera usarlos? Y lo
mismo me pasa con “pedo”, con “banco”, con “hoyo”, y hasta con “palo”. Arriesgándome
a recibir el albur, o la corrección de alguien, o la mirada reprobatoria del
uso de ciertas palabras cuando podría usar otras. Y ¿por qué no uso otras? ¿Por
qué gato?
Algunas de esas
respuestas ya están respondidas en tu cabeza, pero tal vez no puedas decirme
cómo ni por qué. Tal vez tu respuesta sea “pues porque es obvio”. Por lo menos
para ti es obvio, que estás acostumbrado o acostumbrada al uso de estas
palabras, cuando se usan y cómo se usan, aunque sean las mismas. “Es que el
español es muy así”. No compa, ‘pérame. Por que en inglés me topo con que algo hot
es caliente cuando está en la estufa, pero atractivo, sexy y atrevido si se
trata de una persona. La comida puede estar hot recién salida del horno
y hot cuando le pusieron mucho picante. Y luego, una hot sale no es una venta que esté caliente ni de algo
que esté caliente, o picante, o atractivo. Les pasa a los franceses como a nosotros
en español que nos subimos al metro y cuando queremos sacar dinero nos damos
cuenta que “On m'a volé mon portefeuille” o “Me volaron mi cartera”,
como si “volar” fuera lo mismo que robar, aunque yo me la paso diciendo que los
pájaros roban bien bonito, o que si alguien se fue volando, es que se fue recogiendo
cosas que no eran suyas en el camino. “Es que se parecen en algo”. Es correcto,
pero también son diferentes, ¿cómo voy a saber? “Porque depende del momento o
la situación en que la digas”. Aaaah, ya voy cayendo en cuenta. Si de lingüistas
y filósofos del lenguaje, todos tenemos un poco.
Que una
combinación de sonidos, o nuestro entendimiento de “palabra” pueda tener varios
significados se llama “polisemia” para los estudiosos del lenguaje o filosofía
del lenguaje. La polisemia existe porque las lenguas son sistemas vivos y en
constante evolución. Las palabras a menudo adquieren nuevos significados a lo
largo del tiempo, ya sea por cambios en el contexto cultural, la tecnología o
la necesidad de nombrar nuevas realidades con términos ya existentes.
¿Pos por qué no
mejor me invento palabras nuevas, para no andar generando tantas confusiones, o
yo no meterme en tantos líos? Porque es más fácil relacionar y correlacionar
una cosa con otra, que andar machacando la mente buscando nuevos sonidos,
nuevas combinaciones de consonantes con vocales, etc. A de ser más fácil para
nuestro cerebro decir “pues si se pone abajo de los carros como el animal ese,
pues le digo igual”, “algo hot es algo que sube los humos, que hace que
las cosas hiervan o se despierten de su letargia, como lo hace el fuego, lo más
hot que conozco”, “volar es más rápido que caminar, entonces ir volando es
ir muy rápido, y si alguien “m’a volé quelque chose” es porque se fue,
desapareció, como los pajaritos al emprender la marcha para no volver más.
En pocas palabras,
la polisemia es muy práctica, porque un aspecto particular de la realidad es
que ninguna situación es la misma nunca, por lo que podamos usar las mismas
palabras, en diferentes situaciones. Es problemática, porque si no estamos familiarizados,
relacionados o en conocimiento de ciertas situaciones, nos va a causar
confusión. Ahora imagínate de un idioma a otro. Por eso la gente sufre tanto. “Si
yo ando pedo, llego y me tiro un pedo sin saber qué pedo, se va armar un pedo.”
Con esa frase entretenemos todo el día a alguien que esté aprendiendo español,
y con esta a los que anden aprendiendo inglés; "A hot woman served a hot
meal with hot peppers during a hot sale". ¿Qué podemos hacer al respecto?
La respuesta es
sencilla y complicada a la vez, como con todo lo que hay que lidiar en la vida,
sí o sí: vivimos con ella. Para identificar las diferencias, sólo hay que prestar
atención un poco y abrir los ojos al contexto que nos rodea. Para identificar
las semejanzas, o el porqué de esta polisemia; también. La práctica y la
experiencia son nuestras mejores aliadas. Con el tiempo, el cerebro se va
entrenando para distinguir cuándo un “gato” maúlla, levanta un coche o corre al
supermercado a hacer un encargo. Ahora que también hay que tener cuidado a
quién y cuando le decimos “gato”. Para eso, se requiere más que conocer sobre
las palabras. La clave está en no temerle al error, porque hasta de confundir
“hot” entre “picante” y “caliente” se aprende.
Y más allá de la
práctica, detenernos a observar la polisemia es darnos cuenta de que somos
pequeños filósofos del lenguaje, sin saberlo. Porque cada vez que entendemos un
doble sentido, cada vez que reímos o fruncimos el ceño al oír un uso
inesperado, estamos participando en un juego que lleva siglos en marcha. Así
que, la próxima vez que una palabra te haga tropezar, tómalo como una
invitación a explorar más allá de la definición obvia. Después de todo, en la
riqueza de significados es donde el lenguaje se hace arte y nos recuerda que
comunicarnos es un acto lleno de matices, sorpresas y conexiones.
-Mario Márquez
Farías, 06/11/2024

Comentarios
Publicar un comentario