“¿Cuánto dura lo que vale la pena?”

         Uno de los interminables ejemplos de la cultura de la prisa, del “a lo que sigue”, de la capacidad limitada de atención y de la impotencia ante las cosas que toman tiempo es la frasecita esa que últimamente ya me cae muy gordita:

“¿Cuántos capítulos tiene?”

Ya no puedes recomendar (o te pueden recomendar) una serie, un libro o una película porque lo primero que hacemos es preguntar cuánto de nuestro tiempo nos tomará terminarlos. Cuánto de nuestro camino, que utilizamos también para andar a prisa, para andar con lo que sigue y lo que sigue,  y que utilizamos en ver videos cortos, nos va a tomar ver, leer, escribir o terminar algo; para poder pasar a la actividad siguiente.

“¿Y cuánto dura esa película?”

“¿Está bien largo ese libro no?”

“Hazlo en Chat GPT”

Güey, ponte a hacer las cosas por el mero placer de hacerlas, deja de estar pensando lo que te va a tomar llevarlas a cabo. Empieza y ya. Si ya no quieres ver esa serie porque no te gustó, no te atrae o no te interesa en lo más mínimo lo que discurre y transcurre en la historia, déjala ir. Déjala ir no porque te esté tomando tiempo llegar al final, sino porque te está robando el tiempo de hacer lo que de verdad te interesa o te llena el espíritu.

De verdad, esa pregunta de cuánto tiempo te va a llevar hacer algo que puede nutrir a tu imaginación, tu mente o, de perdida, reposar tu cuerpo de los andares de la vida, es lo mismo que preguntar cuántos platos vas a tener que lavar, cuantos cuartos vas a tener que barrer, cuanta ropa vas a tener que lavar, o cuantos años te va a tomar terminar una carrera.

Ni modo que te andes preguntando cuantos videos vas a ver en Tiktok o cuantos reels te vas a aventar mientras estás sentado en el escusado. Ni modo que te estreses en pensar cuántos productos vas a estar checando en SHEIN o en Temu. Ni modo que evalúes cuantos perfiles vas a estar revisando en Facebook o Instagram. Ahí si te vas recio. Te avientas los minutos y las horas y, para cuando te diste cuenta, ahí ya se te fue la perra vida: en nada; en llenarte la cabeza de cuántas cosas te gustaría tener, a cuántos lugares no has ido o en cosas que te gustaría emprender y no consigues por estar verdaderamente perdiendo tiempo y con ello la misma vida que no quieres “desperdiciar” por todo lo que crees que te va tomar llevarlas a cabo.

Y todavía tenemos la incongruencia de preguntarnos por qué nada nos llena, nada nos atrapa y nada tiene sentido.

Ya no recomiendo nada y por lo mismo, ya no hago esa pregunta. Si me recomiendan una serie o una película o un libro, ni pregunto cuánto me tomará. Ya estoy rodeadisímo de puñetas mentales como para estresarme por el ritmo que debo adoptar para seguir con otra cosa más que ni siquiera he tenido la valentía o la amabilidad de empezar. El chiste es eso, empezar. Y que te tome lo que tenga que tomar.

La cultura de la prisa nos tiene a los humanos sobre-estimulados con alcanzar mucho en poco. Y como todo lo que vale la pena (o la gracia) toma tiempo, dedicación, atención y esfuerzo, mejor lo dejamos ir. Que se resuelva ya. Si no se resuelve ya, creemos que no sirve

Nadie quiere dedicarse al ejercicio como modo de vida porque queremos hacerlo por un par de meses. Y luego le meto Ozempic y Munjaro.

Nadie quiere leer ya en paz y tranquilidad y mejor se avienta el Tiktok para poder discutirlo. Pero ¿con quién lo vas a discutir? ¿Con quien sí lo leyó? Nombre. Para plática mediocre que vas a proveer y absorber.

Nadie quiere conocer verdaderamente ya a nadie para comenzar una relación amorosa o de amistad verdadera. Traigo ya el perfil de lo que traigo y de lo que quiero en el Tinder y en el Facebook Parejas. Si no lo cumple, a lo que sigue. Para que luego tengamos el cinismo de decir que los hombres y las mujeres “nomás quieren esto” o de preguntarnos qué quiere el sexo y género que más nos atrae. Qué perra desesperación y hueva. Así te pasas los años sin conocer verdaderamente a nadie, en especial a ti mismo.

Nada que valga la vida y la pena y el alma te va a avisar que tiene 30 capítulos de media hora para que evalúes si le metes power. Nada. Y si tengo el descaro de decirlo es porque, si estoy haciendo esas preguntas que vienen de la flojera, la desesperación y de la cultura del terminar con algo para continuar con lo que sigue, es porque ya me di cuenta de que, aunque logre terminarlo, ni lo disfruté, ni lo analicé, ni lo procesé ni lo dejé que se volviera parte de mi humanidad. Nomás se volvió parte de lo que ya hice y ya, para llamar la atención o para que me dejen en paz. Paradójicamente, atención y paz son lo que menos tengo en esta realidad desesperada por tener y alcanzar, por lograr y acumular; por llenar. Por llenar ese vacío que sólo se llena de poco a poquito. De poco a poquito se nutre la vida. De poco a poquito, se llega a percibir un alma llena, se llena el espíritu de sentido, se va el tiempo despacio. De poco a poquito, se compone la eternidad.

-          Mario Márquez Farias. 15 de diciembre de 2025



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