“Ay ay, ay no, ay sí”
“Ay ay”, “ay ay eso qué”, “ay ay, ¿pero por
qué?”, “ay aaaaaay!”. Expresión que es parte del continuo de formas con que
expresamos nuestra incredulidad, una incredulidad que se expresa también en
tonos, volúmenes, notas y expresiones faciales. Con una función comunicativa
expresiva y emotiva. “Ay ay” es
incredulidad ante el presente, ante el complicado entramado de relaciones que intenta
hacer nuestra mente con lo que nos toca presenciar, escuchar o sentir. Esa incredulidad
que experimentamos como un “no puedo creer que esto esté pasando” y que se
resume en “ay ay”. Incredulidad con
humor, con sorpresa, con una mueca y entrecerrando los ojos. No es “ay, ay”. Ese
es señal de dolor, de susto, o del inicio del torrente de cosquillas con el que
comienza el tope de placer. “Ay ay profe”, “ay ay ese wey”. Ese “ay ay”, con
risa, con un “no lo creo, aunque lo esté viendo con mis propios ojos”
“Ay no”, “ay no puede ser”, “ay no Dios mío”,
“ay no….”, “ay no eh”. Incredulidad con enfado, con hastío, con miedo y con la
expectativa de que queremos, paradójicamente, que algo no ocurra. Función
comunicativa expresiva, emotiva y con tonos suplicantes, apelativos y retadores.
Incredulidad ante el presente, porque no está pasando como quisiéramos que estuviese
pasando. No es “ay, no”. Ese es señal de resolución, propia o situacional. para
bien o para mal. “Ay, no ya mejor así”. “¿Descongelaste el pollo?, “Ay, no”. No,
no. “Ay no eh, que salido”, tal vez con un poco de humor, y se acerca a convertirse
en un “ay ay”. “Ay no” retando a la presente situación con un “no lo creo, y más
vale que no sea cierto porque no estaré de humor”.
“Ay si”, “Ay si, cómo no”, “Ay si, por
favor”. El “ay si” irónico, sarcástico, hiriente y desdeñador que soltamos
cuando nuestra incredulidad se basa en nuestra evaluación del presente con base
en “lo que vale la pena,” y “lo que no vale la pena”, “lo que merece mi atención”
y “lo que no”. Con función expresiva irónica, evaluativa. El “ay si” que te
contestan con una sonrisa después de un cumplido, también carga esa
incredulidad, pero no la del “ay ay” o el “ay no”. Esos “ay si” que, como
reflejan nuestros valores, pueden ser bonitos o muy feos cuando se dicen. No es
“ay, si”. Ese también es resolución, pero curiosamente, con menos seguridad. “Ay si” con ironía, con burla. Cuando la situación que planteas o te intentas
crear, les saca la incredulidad a quienes no aceptan ese presente que les muestras,
porque va contra lo que consideran “valioso” o “permitido”. Por eso ese “ay si”
bonito después de un cumplido, también es incredulidad ante nuestra percepción
de nosotros mismos. “Ay si, ahora resulta”. “No lo creo, porque esa persona o
situación jamás sería como dicen que es”.
-Mario Márquez Farias
Comentarios
Publicar un comentario