"Ahorrar tiempo": El valor del "tiempo", Michael Ende, Momo y los Hombres Grises
Biológica y cognitivamente, al cerebro le gusta la eficacia y la eficiencia. Ahorrar energía, asimilar recursos y maquinaria disponibles para que desempeñe múltiple funciones (y cómo no, si la mayor parte de los órganos y sentidos que utilizamos para el habla, existen y existieron antes para otra u otras funciones). No nos sorprenden, por tanto, los inventos y las técnicas utilizadas precisamente para mejorar nuestra eficacia y eficiencia en cualquier tarea. No nos olvidemos, sin embargo, que esta tarea sigue un principio/patrón de la naturaleza y la evolución: se conforma con "ser suficientemente bueno" para esa eficacia y eficiencia.
Dentro de esta paradoja biológica y natural, hemos caído también en la imperativa búsqueda del "ahorro del tiempo"; terminar la preparatoria o la universidad en el menor tiempo posible, tener (o dejar de tener) cierta cantidad de dinero, deudas, o bienes para cierta edad o momento, o terminar pronto aquéllas actividades que no nos proporcionan tanto placer o que sabemos, toman tiempo. Apurando y ahorrando tiempo para la vida, se nos va la vida. A esto se refiere el autor Michel Ende en la segunda parte de "Momo", donde se presentan a los hombres grises y se habla sobre el ahorro del tiempo en el capítulo 4, llamado "La cuenta está equivocada, pero cuadra", del cual comparto algunos fragmentos:
"Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar el ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo. Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora. Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón. "
Cuando los hombres grises comienzan a mostrarle a la gente "cuanto tiempo están perdiendo", todos comienzan a buscar maneras de administrar mejor su tiempo, y poder "ahorrarlo", como le sucedió al señor Fusi, el barbero:
"En la barbería del señor Fusi colgaba ahora un cartel que decía: “El tiempo ahorrado vale el doble”.
" Escribió una cartita breve, objetiva, a la señorita Daría, en la que decía que por falta de tiempo no podría ir a verla. Vendió su periquito a una pajarería. Envió a su madre a un asilo bueno, pero barato, adonde la iba a ver una vez al mes. También en todo lo demás siguió los consejos del hombre gris, pues los tomaba por decisiones propias."
"Cada vez se volvía más nervioso e intranquilo, porque ocurría una cosa curiosa: de todo el tiempo que ahorraba, no le quedaba nunca nada. Desaparecía de modo misterioso y ya no estaba. Al principio de modo apenas sensible, pero después más y más, se iban acortando sus días. Antes de que se diera cuenta, ya había pasado una semana, un mes, un año, y otro"
¿Quién no ha hecho comentarios como "entre más creces, más rápido pasa el tiempo", o "¡apoco ya pasó X tiempo?", o "no me alcanza el tiempo para nada"?
"Y cada día eran más los que se dedicaban a lo que ellos llamaban “ahorrar tiempo”. Y cuantos más eran, más los imitaban, e incluso aquellos que en realidad no querían hacerlo no tenían más remedio que seguir el juego.
"Diariamente se explicaban por radio, televisión y en los periódicos las ventajas de nuevos inventos que ahorraban tiempo, que un día, regalarían a los hombres la libertad para la vida “de verdad”. En las paredes se pegaban carteles en los que se veían todas las imágenes posibles de la felicidad. Debajo ponía en letras luminosas: Los ahorradores de tiempo viven mejor Los ahorradores de tiempo son dueños del futuro Cambia tu vida: ahorra tiempo"
Pero la realidad era muy otra.
"Es cierto que los ahorradores de tiempo iban mejor vestidos que los que vivían cerca del viejo anfiteatro. Ganaban más dinero y podían gastar más. Pero tenían caras desagradables, cansadas o amargadas y ojos antipáticos." ....."Según decían, tenían que aprovechar incluso los ratos libres, con lo que tenían que conseguir como fuera y a toda prisa diversión y relajación"
"Así que ya no podían celebrar fiestas de verdad, ni alegres ni serias. El soñar se consideraba, entre ellas, casi un crimen. Pero lo que más les costaba soportar era el silencio. Porque en el silencio les sobrevenía el miedo, porque intuían lo que en realidad estaba ocurriendo con su vida. Por eso hacían ruido siempre que los amenazaba el silencio."
"El que a uno le gustara su trabajo y lo hiciera con amor no importaba; al contrario, eso sólo entretenía. Lo único importante era que hiciera el máximo trabajo en el mínimo de tiempo.
En todos los lugares de trabajo de las grandes fábricas y oficinas colgaban carteles que decían: El tiempo es precioso — no lo pierdas, El tiempo es oro — ahórralo.
"Había carteles parecidos en los escritorios de los jefes, sobre los sillones de los directores, en las salas de consulta de los médicos, en las tiendas, restaurantes y almacenes e incluso en las escuelas y parvularios. No se libraba nadie.
" Al final, incluso la propia ciudad había cambiado más y más su aspecto. Los viejos barrios se derribaban y se construían casas nuevas en las que se dejaba de lado todo lo que parecía superfluo. Se evitaba el esfuerzo de construir las casas en función de la gente que tenía que vivir en ellas, porque entonces se tendrían que construir muchas casas diferentes. Resultaba más barato y, sobre todo, ahorraba tiempo, construir las casas todas iguales."
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