“Ya no promuevo la lectura”

 

Leer te hace mejor persona. Leer te proporciona más conocimiento. Leer aumenta tu vocabulario. Leer mejora tu ortografía. Leer te vuelve una persona más interesante y culta. Leer te ayuda a escapar de malas influencias. Leer te abre muchas puertas. Leer te sirve para estar informado, para saber, para entender. Leer te ayuda a hablar y expresarte mejor…

Éstas y demás frases pseudointelectuales, aunque podrían ser ciertas, no tienen que ver con volverte mejor persona. Nos vuelven esnobs, atrapados en una burbuja de prejuicios lingüísticos, sociales y educativos que nos llenan, sin querer queriendo, de algo más peligroso que ignorancia: de falacias y  de un falso sentido de superioridad que nos aleja del prójimo, de la sabiduría y del conocimiento que existe para contemplarse, no para atesorarse.

Si bien es cierto que la escritura (y su lectura) reestructuran nuestra manera de percibir y entender el mundo, nos ayudan a ser más lógicos y analíticos, a mejorar nuestra competencia lingüística en el idioma que leamos, nos entretiene y nos proporciona información (porque la lectura no proporciona conocimiento, entendimiento ni inteligencia; eso se logra mediante las relaciones que podemos hacer entre lo que leemos, lo que sabemos y lo que creemos), no quiere decir que siempre será lo mejor para nosotros. Así como hay contenido basura en la televisión, en internet, en la radio o en el cine, también hay contenido basura de forma escrita: en revistas, en periódicos y en libros. Alabar la literatura mientras se menosprecian otras fuentes de información y entretenimiento es lo mismo que alabar un género musical en particular y denigrar los demás. ¿A qué me refiero con “basura”? A contenido mal redactado que no expresa bien una idea (tal vez, como este escrito), a contenido con prejuicios, falsa información o desinformación, a contenido lleno de análisis y discusiones sobre temas sin bases sólidas, a historias malas (pésimas) con personajes mal desarrollados y finales que dejan con mal sabor de boca.

Como todo lo relacionado con el ser humano, somos tan variables como variables son las personas, nuestros pensamientos, experiencias, relaciones sociales y culturas. La escritura refleja cómo percibe el mundo cierto autor o autores, y las lecturas nos dan la posibilidad de apreciar la percepción o inventiva de éstos. En esa variedad, hay pensamientos y percepciones de todo tipo, que podemos leer, mientras el otro pueda escribir (que no es lo mismo que redactar). Pero el poder escribir no quiere decir que vayamos a inculcar al mundo, que lo llenaremos de entendimiento y que lo salvaremos porque estamos haciendo que los demás lean. No los volveremos más interesantes o cultos, y mucho menos los salvaremos de la ignorancia, porque tal vez lo que escribimos es una mentira que elegimos creer de manera individual o colectiva. No los volveremos mejores personas porque tal vez lo que escribamos incita al odio, lo que nos hace malas influencias. Por eso, he dejado de promover la lectura como si fuera el más preciado tesoro o la mayor capacidad intelectual. Hoy comienzo a promover la duda, que trasciende hasta las premisas de los más letrados.

                                                                                                   Mario Márquez Farias

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