"Humanimals"
Hace unos meses, las circunstancias se dieron para que me topara con la muerte de dos animales. Una, la de un gato negro pequeño, atropellado frente a un edificio de la Cruz Roja. Otra, la de dos palomas caídas a los pies de un poste de concreto con varios cables y metales ligados a éste. Quise pensar que los humanos eramos los culpables, y que de no haber sido por tal o cual circunstancia, no habrían encontrado el fin de su existencia de manera directa o indirecta por nuestros inventos y creaciones. Pero la situación me llevó a pensar que, si aumentan las formas de vida, en el aspecto variacional y el cuantitativo, también aumentan las formas y posibilidades de morir, así como las conexiones que relacionan a una forma de vida con la otra.
¿Cómo decir que “somos el verdadero virus”, adjudicándonos un propósito que no representa nuestra relación con nuestro entorno? No buscamos un huésped, ni nos reproducimos de forma que terminamos matando a aquello que nos alojó. Si quisiéramos metaforizar nuestra relación y coexistencia con el entorno viviente, mejor nos convendría llamarnos un cáncer; un cáncer que ha olvidado que es parte de un gran organismo, y que se multiplica exponencialmente, robándole espacio y recursos a los demás seres que son con nosotros y son nosotros al mismo tiempo. Más allá del bien y el mal, sin darnos cuenta de lo que está sucediendo hasta que terminamos matándonos por haber matado a la vida que nos rodea; inventamos, creamos y transformamos, lo que aumenta a la vez, como diría el famoso programa, las maneras de morir. Por tal, no pretendo insultarnos o criticar nuestra existencia. A nosotros también nos toca morir de forma directa o indirecta debido a la existencia de otros seres vivientes, nuestras células hermanas. Todos vamos en este barco, a sabiendas de que cualquiera de nosotros puede volverse un cáncer y una pandemia que cambia el estado que creíamos perpetuo de nuestra realidad.
Las circunstancias que llevaron a ese pequeño gato a morir frente a un grupo de jóvenes asustados ante lo que acababan de presenciar, junto a un edificio color blanco y rojo, con el sol ardiente y seco y el dolor constante, se interconectaron con las circunstancias que lo llevaron a morir cubierto con una pequeña toalla, con caricias constantes y voces calmantes. Un solo organismo que se auto-regula y se analiza, se inventa, crea y se transforma. Ahí, en las pausas en que una cosa se convierte en otra, y en los nudos que conectan una situación con otra, es donde ocurre la chispa. Sin esa chispa, no crece un cáncer. Sin esa chispa, no estaríamos aquí.
-Mario Márquez Farias, 09 de mayo 2023
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