“El mundo decadente de las revistas”

 Las revistas, por lo menos en sus presentaciones físicas, ya se van; están desapareciendo. Cambian, evolucionan. Se integran al nuevo colectivo globalizado de información dispuesta para nosotros de manera inmediata.

Ya no se ven los puestos de revistas en las banquetas del centro de las localidades, o los kioscos en las grandes ciudades mexicanas como Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México. Los centros comerciales y tiendas departamentales les dedicaban pasillos de hasta dos o tres, con estantes llenos de publicaciones mensuales como las revistas de divulgación científica “Quo”, “Conozca Más”,  “Muy interesante” o “National Geographic”. Había revistas de deportes, sobre fitness y nutrición, de autos, motocicletas y gadgets. Veías revistas de comedia, de política, del espectáculo nacional e internacional y las revistas para adultos, dispuestas en estantes superiores para evitar niños y pubertos curiosos. Las revistas de arte, historia, turismo y literatura, se acojinaban con las revistas de videojuegos y tecnología. Clasificadas por estratos sociales, había revistas para hombres, especialmente "Men's Health", para mujeres, como "Vanidades ", y para muchachas adolescentes, como la “PORTI”, donde tanto hombres y mujeres llegamos a buscar la sección Trágame Tierra. Podías quedarte en esos pasillos hojeando la revista que gustaras por horas.

Reminiscencias quedan de aquellos días en que uno hojeaba la revista mientras esperaba su turno para ver al médico, en la barbería o en el estilista. Todavía en algunos de estos lugares se empalman algunos ejemplares, ya se de aerolíneas, divulgación científica o chismes de la farándula.  Esa realidad que perece aun está en casas de coleccionistas, tiendas que venden papel por kilo o librerías con tomos y revistas usados. Las que se niegan a perecer en papel, aunque lo harán algún día de cualquier forma, están en las cajas de los supermercados, en pequeños puestos o kioskos con revistas de manualidades, crucigramas y sudokus. En los estantes de Wal-Mart y Sanborns quedan comics, revistas literarias, libros para jóvenes y muchos, muchos libros de autoayuda. Esos pasillos ya no tienen gente ojeando y hojeando un poco de todo. Hoy las veo en las entradas de un OXXO, vendiéndose en paquetes de publicaciones pasadas a tres por $60 pesos. Despintadas por el tiempo o el sol inclementes que antes nada de eso podían hacerles con la prontitud con que se vendían. Ya ni para recortarlas y hacer un collage para la tarea de los hijos. Las suscripciones mensuales perecen, y ver llegar nuestra publicación favorita por el correo es parte ya de la nostalgia que deja el cambiante acceso a la información, al entretenimiento y al conocimiento.

El mundo de las revistas, esas que hojeábamos y leíamos cuando íbamos al baño, ya cambió. Hoy, todas o muchas revistas, o el tipo de cosas que solían publicar; están en Apps, en paginas web o en las redes sociales. Hoy todos esperamos nuestro turno para cortarnos el pelo o ver al doctor, engarzados a la pantalla de un aparato que tiene acceso a más información y entretenimiento de la que tenían todas las revistas de todos los estantes de todos los pasillos de todos los puestos y centros comerciales a nuestro alrededor. El mundo en el que las revistas y los periódicos eran una realidad tan común no se va con todo lo que trajo, pero ya no es como solía ser. Como todas las cosas, nos deja la realización constante de que todo cambia, todo pasa y todo queda, todo se transforma y todo se integra. En ese continuo proceso, se nos forman los recuerdos, recuerdos de días en que dos o tres ejemplares valían para entretener en una semana, lo que nos entretiene en 2 horas.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

“¿Cuánto dura lo que vale la pena?”

El verbo “to be” y las perspectivas: entre el ser y el no ser; estar y no estar

“De dónde vienen y a dónde llegan los libros”