"Todo pasa por algo"

“Todo pasa por algo”. La frase más repetida y vaga en los momentos de duelo. La frase con la que buscamos consuelo y dar consuelo. “Todo pasa para algo”, es su hermana, su siamés, gemela, cuata y compinche. Ambas tienen sus variantes, dependiendo del matiz que se les dé; religioso: “Dios sabe por qué hace las cosas”; determinista: “pasó como tenía que pasar o porque tenía que pasar” o porque “así tenía que ser”; pragmático: “hay que sacarle provecho a la desgracia”, etc. Aunque le queramos adjudicar las causas y consecuencias que queramos para darnos alivio, lo cierto es que esas frases funcionan igual que los horóscopos, las predicciones bíblicas o las leídas de cartas: la vamos a recordar o pensar cuando pase “algo” que nos regrese el bienestar, la seguridad y la calma; que nos dé certeza, o se asemeje a aquello que temíamos o veíamos venir.

Son frases sin sentido y con todo el sentido del mundo; porque claro que todas las cosas suceden por una interrelación de sucesos previos güey, y lo que pasa se interrelaciona con muchas otras cosas que suceden, determinadas o por albedríos, que dan lugar a muchos otros sucesos futuros. Y sólo hasta que ocurren les adjudicamos significado y decimos “aaah, es que, si esto no hubiera pasado, no estaría aquí” o “si hubiera pasado, no estaría aquí”; “verdaderamente todo pasa por algo”. Yo no sé ustedes, pero a mi sí me tiene muy cansadito ese cardumen de frases. No me dan alivio, porque sé que es el flujo natural de las cosas. Algo pasa o no pasa, para que otra cosa pase o no pase. Lo ocurrido fue por lo que hice o no hice, y por lo que hicieron o no hicieron todas las personas y demás seres vivos a mi alrededor, así como los eventos que ocurren simplemente porque el planeta es un caldo que todo revuelve mientras se mueve junto al universo a través del espacio-tiempo. Así mismo es en el presente, y será en el futuro. Soy agente y presa de mi circunstancia.

Que el tiempo hace lo suyo o que le demos tiempo al tiempo es otro de los decires del duelo y del consuelo, y por más ciertos que sean no atinan a desenmascarar lo que verdaderamente ocurre con el tiempo: las memorias se distorsionan, los procesos químicos y mentales que generan ciertos sentimientos se desvanecen y dan entrada a otros nuevos. A mi ya no me alivia depositar mi fe en el tiempo, porque a fin de cuentas, con el tiempo me muevo y con el tiempo me voy de aquí.

Todo pasa por algo y para algo con el andar del tiempo, y así vamos por la vida dándonos consuelo con premisas básicas, confiando en el devenir de las cosas. Confiamos en que el exterior nos resolverá el conflicto presente o nos reafirmará nuestros éxitos, y nos repetimos frases que se nos dijeron desde antaño sin caer en la cuenta que, a menos que hagamos o no hagamos “algo” mientras el tiempo pasa, “algo” que nos salve o que nos hunda y haga que nos hagamos verdaderamente responsables de cada acción y decisión que hemos tomado, incluso si no fue por el propio albedrío, le seguiremos echando la culpa a la historia y reposando en el destino, como si no fueran más que los escenarios en los que participan todas las obras de la existencia, nosotros incluidos.

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