“Las metáforas del tiempo”

    Cuenta Guy Deutcher, en su libro “The unfolding of language”, que no hay lengua conocida en donde las expresiones y términos relacionados con el espacio, no se usen también para describir relaciones temporales (2005:134). Los físicos, aquéllos como nuestro estimado Einstein, habrán descrito esta relación hace poco más de 100 años, pero el lenguaje demuestra que esa “intuición” o sentido común ha sido reconocida por muchos miles de años. En el lenguaje, en cualquier lengua, no hay dos dominios más intrínsecamente ligados como el espacio y el tiempo; que invariablemente hablamos del tiempo en términos de espacio y esto refleja que pensamos sobre el tiempo en términos de espacio. Ese movimiento siempre es unidireccional: del espacio al tiempo, ya que el tiempo es un concepto abstracto que sólo puede expresarse y visualizarse a partir de algo más tangible (Deutcher, 2005:135). La naturaleza de esta conexión intuitiva no es otra que la metáfora.

            Ah, las metáforas, esas expresiones creadoras de nuevas expresiones en el lenguaje; aquéllas que nos permiten visualizar los conceptos más abstractos de nuestra conciencia, de nuestros procesos cognitivos, de nuestra capacidad humana de describir el universo que somos. Meta-phora de la lengua griega “cargar a través”  (meta: a través, phora: cargar). Para comprender mejor su función, podríamos utilizar su equivalente del latín trans-ferir: de lo fisico, o lo que está en nuestra percepción, a lo que construye nuestra mente. Y es que, si no vinieran del mundo físico, ¿de dónde podrían venir esos términos abstractos que nos tocó racionalizar? No tenemos otra opción. Las cosas “originales” tienen precisamente eso, un origen. Nada viene de la nada. La mente no puede “manufacturar” palabras para conceptos abstractos así nada más; lo que puede hacer es adaptar lo que ya está disponible (Deutcher, 2005:127). Y lo que está disponible es eso, lo que procesan nuestros sentidos.

No hay que ser poeta para transferir lo tangible a lo abstracto en términos de lenguaje y decir que “se me está yendo el tren”, “el tiempo pasa volando” o corriendo, o va “muy lento”. Si las metáforas se expresan mediante el lenguaje, es que están en nuestra mente (no al revés, Sapir-Whorfianos), mentes que se forman no sólo con los sentidos, sino con la socialización y la cultura. Son un mecanismo indispensable en las mentes de todos nosotros para poder hablar de los sentimientos, del tiempo, o la muerte.  

            Pero basta de ciencia y veamos esas metáforas del tiempo que llegaron a mí en estos días a través de diferentes personas y que ayudaron a este análisis: que “los tiempos de hoy andan más rápidos que los de antes” dijo un taxista, que “el tiempo se queda atrás” escribió una amiga, que “los años pasan volando” dije yo al ver la foto del hermano de un amigo que ya va a la universidad, cuando “en la calle del ayer” yo lo veía pequeño viendo caricaturas. No nos damos cuenta de cuanto relacionamos el tiempo con el espacio, o cuan naturalizado lo tenemos, hasta que se habla de manera poética; como esa frase de Tom Hanks en Náufrago en la que sólo queda esperar, porque mañana el sol saldrá, “¿quién sabe qué traerá la marea?”. O a dónde nos llevará, como dice Calle 13 “el tiempo no me mueve, yo me muevo con el tiempo”, sin recordar que yo me muevo, en realidad, en el “espacio-tiempo”. Me encantan las metáforas del tiempo, porque a medida que “avanzo por la vida”, y me dicen que siempre “vienen tiempos mejores”, me recuerdan que ya no habrá como expresar el tiempo, ni habrá tiempo para mí, cuando “haya colgado los tenis”; cuando ya no esté en el espacio.  

-Mario Márquez Farias, 1º de septiembre de 2023


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