“Volumen y densidad”
El lenguaje. El habla. El mecanismo o serie de herramientas
principal mediante el cual nos comunicamos entre nuestros pares. Liberamos y
desarrollamos los procesos de nuestra psyché mediante historias, cuentos,
chismes, posts, mensajes, ensayos, reportes, entre otros. A veces hablamos con
verdades, con verdades a medias, mentiras, o mentiras a medias. A veces hablamos,
como me ayudó a metaforizar un amigo, con volumen; otras, con densidad. Todo
depende del contexto. Siempre depende del contexto, dijo Paul Grice. A veces nos
comunicamos de manera que parece que todo lo que decimos es importante, pero no
lo es. A veces, es al contrario. Cuando lo más banal lleva consigo la pieza que
hace que nos quedemos platicando un ratito más. Yo lo llamé lo “sustancialmente
insustancioso” y lo “insustancialmente sustancioso”.
Hablar con volumen, teorizamos, es hablar de lo “sustancialmente insustancioso”. Puede que estemos hablando de temas interesantes, de temas del momento, o que estemos contando historias o describiendo los rasgos que creemos, nos hacen quienes somos. Hablar sobre el clima, sobre la fila, sobre comparaciones entre un año u otro, o una vida y otra. Lo sustancialmente insustancioso, lo que representa el volumen. Son los andamios de las reuniones de trabajo, de los encuentros con conocidos, los dimes y diretes entre colegas, las descripciones con las que la gente se condecora en Tinder. También hay libros, revistas, ensayos, discursos, películas, poemas y cartas sutancialmente insustanciosos. Pomposos, que parecen explicar la verdad del universo cuando en realidad sólo son explicaciones burdas a preguntas pusilánimes o infantiles. Parece ser bastante, con mucho valor intelectual y cognitivo, pero sólo son castillos de varilla. Lo que parece ser. Paradójicamente, las pláticas con volumen son casi siempre verdades a medias, o mentiras a medias.
La mente sabe cuándo y con quien adoptar este tipo de
habla. Se sirve de la educación cultural, social, económica e intelectual que la
forma. Hay compatibilidad de puntos de vista, gustos, maneras de actuar, etc. Todo
parece ser importante. Mas en el andar cambiante de la vida, toda sustancia
tiende a transformarse. Por eso las relaciones basadas en pláticas, conversaciones
y encuentros con volumen, son fructíferas, pero sin sabor. No duran mucho o no
son indiferentes. Son sustanciales, nos guían en la socialización del día a día,
pero son “insustanciosas”. Nuestro discurso no cambia porque está basado en lo
que dictan las normas sociales y psicológicas de tales situaciones. En
ocasiones, las pláticas entre familiares, entre parejas, entre amigos, se tornan
de mucho volumen, y parecen estar bien. Tarde que temprano, se extraña el
cotorreo, la risa, el llanto. Se extraña la densidad, la sustancia.
Hablar con densidad, dijimos mi camarada y yo, es hablar de
lo “insustancialmente sustancioso”. Es contarle a tus amigos qué andas leyendo últimamente,
qué series has visto y qué te han parecido. Hablar de temas que no interesan a
muchos, o ni si quiera de los temas del momento. Es hablar de elucubraciones
que dan risa, que dan nostalgia, que levantan los ánimos, ya sea placenteros o
dolorosos. Lo “insustancialmente sustancioso” es el ladrillo y la mezcla que
refuerzan y se sostienen en los andamios de lo sustancial. Hemos pasado por
libros, revistas, discursos, poemas, cartas y pláticas tan cotidianamente
reales y profundos que, o nos duele el pecho cuando concluyen, o nos sentimos
más ligeros. Nos respondemos incluso las preguntas que no sabíamos que nos
hacíamos. No dicen mucho, pero dicen lo justo. Es lo que sí tiene
densidad de lo que están compuestas las verdades y las mentiras.
El alma y el espíritu reconocen la miel entre lo insustancial.
A veces no estamos de acuerdo en puntos de vista, en gustos, en maneras de
actuar, pero estamos de acuerdo en que estamos en desacuerdo. Mientras por
gusto, sigamos interactuando el uno con el otro, seguiremos dando sustancia a aquello
que parece banal (incluso con los muertos, escritores de tantos libros o
presentes en tantas películas). Las relaciones que se refuerzan en pláticas, conversaciones
y encuentros con densidad, dan calor y calma en medio de la incertidumbre del
andar por la vida. No nos guían en la socialización cotidiana, pero le dan
sentido y complacencia al mero “wiriwiri” entre amigos. Siempre hay algo
distinto que decir, aunque sepamos, de corazonada, qué esperar de cada persona
con el tiempo. Por eso no gusta estar con ellos. Cuando las pláticas e
interacciones entre familiares, amigos, parejas, compañeros de trabajo,
colegas, etc., se tornan densas, nuestra humanidad se deja ver. Ahí nos
agarramos cariño, o nos terminamos por desencantar de alguien.
Siempre es conveniente recordar que no todo lo
sustancioso es sustancial, ni todo lo insustancioso, insustancial. Me gustan
las pláticas con volumen, en las que se habla de todo y de nada desde un punto
de vista observador y humano. Curiosas. Me disgustan las pláticas densas, donde
las mentiras que uno se dice a si mismo y a los demás permean la discusión. Esas
que no llevan a ningún lado porque hay mucho revoltijo emocional.
Determinantes. No podríamos decir con qué tipo de pláticas durarán más o menos
las relaciones que hagas en tu vida. Lo que sí podríamos decir, es que al
volvernos observadores y agentes del volumen y la densidad de nuestro lenguaje,
de nuestra habla y de nuestras interacciones, podremos volvernos más selectivos
en cuanto a nuestras relaciones personales.
De todas formas, te vas a sorprender.
- Mario Marquez Farias, 20 de diciembre de 2023

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